CÓMO SE ESCRIBE UN POEMA: David Jou (Sitges, 1953)

“En el fondo, soy un escritor de libros de poesía más que de poemas. Cuando un tema o una forma poética me fascinan, los trabajo horas y horas, los exploro en profundidad, cuido la arquitectura del libro. Pero la poesía es rebelde a planificaciones y racionalidades: sé que más allá de ellas, me debo a las palabras, a sus cruces, choques y combinaciones, a sus mutaciones y derivas. La poesía es para mí, en fin, la fusión de razón y emoción, de intención y de azar, de mi aventura personal y de la continuidad actualizada de la tradición literaria en mi lengua.”

“Este poema pertenece a mi libro Los ojos del halcón maltés, un libro de unos sesenta poemas sobre otras tantas películas. Lo escribí por estímulo de mis hijos -tendrían entonces doce y trece años- que me desafiaron a escribir un poema sobre James Bond, su héroe favorito. No quería que la obra de Buñuel estuviera ausente, en su doble rebeldía de provocación formal y de desafío social. La famosa navaja y el ojo de Un chien andalou fue el catalizador del poema, que a partir de ella quiere homenajear la fuerza del conjunto de la obra del director.”

UN CHIEN ANDALOU
Luis Buñuel

No os quedéis en la navaja:
el resto también raja;
la luz puede ser cruel;
yo, Buñuel,

heriré al burgués en la mirada,
aplastaré al obtuso terrateniente,
quebraré la rosa que beatamente
asfixia al mundo con ceniza sublimada;

cada imagen un mazazo, un navajazo:
no quiero cepillar, sino ser látigo
y reír a mandíbula batiente
De los que apartan la mirada desmayadamente
cuando, en lugar de ser placer, el arte es batalla.

Mi apellido sabrá a rebeldía y a hiel:
yo, Buñuel,
como una cicatriz en la mirada.
La navaja de Buñuel

¿CÓMO SE ESCRIBE UN POEMA?: J. L. BORGES (Argentina,1899-1986)

No soy poseedor de una estética. El tiempo me ha enseñado algunas astucias: eludir los sinónimos, que tienen la desventaja de sugerir diferencias imaginarias; eludir hispanismos, argentinismos, arcaísmos y neologismos; preferir las palabras habituales a las palabras asombrosas; intercalar en un relato rasgos circunstanciales, exigidos ahora por el lector; simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es; narrar los hechos (esto lo aprendí en Kipling y en las sagas de Islandia) como si no los entendiera del todo; recordar que las normas anteriores no son obligaciones y que el tiempo Se encargará de- abolirías. Tales astucias o hábitos no configuran ciertamente una estética. Por lo demás, descreo de las estéticas. En general no pasan de ser abstracciones inútiles; varían para cada escritor y aun para cada texto y no pueden ser otra cosa que estímulos o instrumentos ocasionales.

(…) Un volumen, en sí, no es un hecho estético, es un objeto físico entre otros; el hecho estético sólo puede ocurrir cuando lo escriben o lo leen. Es común afirmar que el verso libre no es otra cosa que un simulacro tipográfico; pienso que en esa afirmación acecha un error. Más allá de su ritmo, la forma tipográfica del versículo sirve para anunciar al lector que la emoción poética, no la información o el razonamiento, es lo que está esperándolo. Yo anhelé alguna vez la vasta respiración de los psalmos o de Walt Whitman; al cabo de los años compruebo, no sin melancolía, que me he limitado a alternar algunos metros clásicos: el alejandrino, el endecasílabo, el heptasílabo.

En alguna milonga he intentado imitar, respetuosamente, el florido coraje de Ascasubi y de las coplas de los barrios.

La poesía no es menos misteriosa que los otros elementos del orbe. Tal o cual verso afortunado no puede envanecernos, porque es don del Azar o del Espíritu; sólo los errores son nuestros. Espero que el lector descubra en mis páginas algo que pueda merecer su memoria; en este mundo la belleza es común.

              Buenos Aires, 24 de junio de 1969.

LAS COSAS

El bastón, las monedas, el llavero,
La dócil cerradura, las tardías
Notas que no leerán los pocos días
Que me quedan, los naipes y el tablero,

Un libro y en sus páginas la ajada
Violeta, monumento de una tarde
Sin duda inolvidable y ya olvidada,
El rojo espejo occidental en que arde

Una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
Limas, umbrales, atlas, copas, clavos,
Nos sirven como tácitos esclavos,
Ciegas y extrañamente sigilosas

Durarán más allá de nuestro olvido;
No sabrán nunca que nos hemos ido.

 (Del libro Elogio de las Sombras (1969), de J. L. Borges)

¿CÓMO SE ESCRIBE UN POEMA?: LORENZO GOMIS

Siempre he escrito los versos a rachas, a veces espaciadas. Lo primero es sentirme descargado del peso del trabajo y las obligaciones inmediatas. Así las vacaciones son más propicias que el resto del año, el domingo más que el resto de la semana, el campo más que la ciudad. No tener nada especial que hacer suele ser la condición previa. La contemplación aparece cuando la acción no urge.

No basta, sin embargo, no tener nada que hacer. Hay otra serie de condiciones difíciles de percibir, pero que suelen darse. La distracción es una. El primer verso, se ha dicho muchas veces, suele venir, no se sabe de dónde, inesperadamente. El primer verso da ya el tono y el ritmo, y a menudo el tema. No siempre el primer verso es seguido de otros. A Antonio Machado le encontraron al morir un primer verso huérfano y perdido en el bolsillo. Pero si el primer verso coincide con una música callada, inaudible pero presente, y la imaginación se pone a trabajar sobre una cosa interesante, el poema se está haciendo. La sensación es que se hace solo, y que sólo hay que vigilar, como la cocinera vigila la olla o el pastor vigila el rebaño. A veces la inteligencia interviene discretamente para poner orden en el juego (tiene mucho de juego).

El poema se hace con palabras, no con ideas, ya se sabe. Pero las palabras se combinan al calor de una experiencia, actual, reciente o recordada, real o fingida. La experiencia es como la instancia que pide respuesta. En el poema que pongo más abajo (es de Los restos de Ampurias, escrito en los años sesenta), la experiencia es esta tan común de mirarse en el espejo y verse otro, probablemente algo más viejo. El poema consiste en no tomar esto como una reflexión, sino como una realidad, en serio. El que aparece en el espejo es realmente otro y no sabe uno quién es ni qué hace. El episodio familiar se ha vuelto extraño. El primer verso, el llegado de repente –“A veces pienso que algo se prepara”- no da el tema, sino el tono de extrañeza, de suspicacia, de alarma, que introduce la historia. La historia –casi instantánea, más descripción que narración- adopta la forma de soneto (*). Las repeticiones de sonidos hacen más misterioso e inevitable el sentido. El humor discurre acorde con el temperamento del autor, requisito recomendable para la autenticidad del producto y un poco sello de la casa. El rasgo irónico final es un aviso al lector para que se ría de la inconsciencia del hombre que se mira al espejo.

El título suele ponerse después. Está fuera de la obra. En este caso, lo que anuncia es el tema. No forma parte del poema, sino que lo presenta.

LA EDAD

A veces pienso que algo se prepara.
Cada mañana veo en el espejo
un hombre que me mira, un hombre viejo,
un viejo que me mira cara a cara.

No le conozco, pero –cosa rara-
me mira con sonrisa de conejo
y me coge el cepillo, si le dejo,
y se afeita en mis barbas, y no para.

Y no para y no para de imitarme.
No sé si es un actor o es un abuelo,
un viejo actor que estudia bien mis gestos

o un abuelo que viene a consolarme.
Es más viejo que yo, ya es un consuelo,
mi compañero de los ratos estos.

LORENZO GOMIS (Barcelona, 1924 – 2005)

Del libro Cómo hacer un poema, Editorial PRE-TEXTOS (2002)

(*) soneto. (Del it. sonetto, y este del lat. sonus, sonido). 1. m. Composición poética que consta de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. En cada uno de los cuartetos riman, por regla general, el primer verso con el cuarto y el segundo con el tercero, y en ambos deben ser unas mismas las consonancias. En los tercetos pueden ir estas ordenadas de distintas maneras. (Diccionario de la RAE)